Intento varias veces hablarle, sin importarme demasiado las diferencias abismales que tenemos. Somos como dos polos contrarios, el agua y el mar, el blanco y el negro.
Las noches son lo peor. Una escasa media hora hasta quedarme dormida es lo que estoy pensando en él. Pienso en situaciones, como todo el mundo, en tardes jugando a la consola con él a mi lado, acabando a besos; mañanas dulces entre sábanas o desayunos entre sonrisas cómplices.
Son tantas las ganas que tengo de que se haga realidad que hasta me enfado conmigo misma. Una parte de mi tiene una pequeña esperanza, otra sabe perfectamente que no va a pasar nada, que todo lo que imagino es solo eso, demasiada imaginación para una chica enamorada.
